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La noche anterior, pon los garbanzos en remojo para que se hidraten.
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Al día siguiente, hierve agua en una olla y añade los garbanzos junto con una pizca de sal.
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Limpia el puerro, córtalo por la mitad y agrégalo a la olla con los garbanzos.
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Cubre la olla y cocina los garbanzos durante 20 minutos.
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Escurre los garbanzos y colócalos en un bol.
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Añade el pimentón, el comino, un chorrito de aceite y sal al bol con los garbanzos.
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Incorpora las aceitunas y el queso fresco cortado en cubos, y mezcla todo bien.
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Deja reposar la mezcla durante 10 minutos para que se integren los sabores.
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Corta los rabanitos en cubitos y ponlos en otro bol.
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Pela el tomate, córtalo en dados y agrégalo al bol con los rabanitos.
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Añade un chorrito de aceite, otro de vinagre y una pizca de sal a la mezcla de rabanitos y tomate.
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Tuesta el sésamo en una sartén a fuego medio, sin añadir aceite, hasta que esté dorado.
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En los platos, coloca una base de rúcula y sazona al gusto.
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Encima de la rúcula, distribuye la mezcla de garbanzos, aceitunas y queso.
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Rodea el plato con la vinagreta de rabanito y tomate, y espolvorea el sésamo tostado por encima.